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Jacquemus: gestos heredados y estilo que trasciende el tiempo

Del nombramiento de su abuela como embajadora al homenaje a Picasso, en Le Palmier Jacquemus celebra lo íntimo y lo atemporal: la familia, los gestos heredados y la memoria emocional que lo define como diseñador se transforman en un lenguaje visual que conecta tradición y modernidad. La icónica coleta en forma de palmera y la presencia de su abuela Liline Jacquemus se convierten en símbolos de libertad, elegancia y herencia. La colección realza la silueta femenina con cinturas marcadas y conjuntos estructurados, incorpora transparencias que abrazan el cuerpo y accesorios como sombreros de ala ancha que definen el carácter de cada look, conectando pasado, presente y tendencias futuras en cada pieza.


El regreso de la silueta femenina

Uno de los mensajes centrales de la colección es cómo el cuerpo femenino recupera protagonismo a través de la silueta. Tras años de formas fluidas y neutralidad, Jacquemus vuelve a marcar cinturas, crear proporciones geométricas y esculpir el cuerpo. La influencia de la alta costura de los cincuenta se cruza con la sensualidad de los noventa y la libertad contemporánea, generando una estética que es al mismo tiempo estructurada y cinematográfica. Los vestidos y conjuntos de dos piezas dominan la pasarela, desplazando al pantalón: la mujer Jacquemus no se oculta, ocupa el espacio que ha conquistado, y cada look funciona como personaje vivo, más cercano al cine que al streetwear.


Transparencias, color y movimiento

Las transparencias se convierten en un recurso clave: no son provocación, sino celebración de la fuerza y la presencia del cuerpo femenino. La piel se integra en la prenda, reforzando una sensualidad poderosa que se inscribe en la herencia de los noventa. El rojo irrumpe de manera inesperada, interrumpiendo construcciones cuidadas para dar fuerza a emociones y gestos que atraviesan el desfile. Volantes, curvas y flecos cobran vida en movimiento, destruyendo la rigidez de la estructura y haciendo que cada prenda parezca expresarse por sí misma.


Un cierre que condensa la colección

El último look sintetiza la esencia de Le Palmier: un vestido negro de líneas limpias, con una sola copa que cubre el pecho derecho. Un homenaje a Jacques de Bascher y a un diseño de Karl Lagerfeld de 1976 llevado por Paloma Picasso, reinterpretado con una silueta escultórica que recuerda al imaginario visual de Helmut Newton: frontal, directo, sin ornamento ni disculpa. Una afirmación que encapsula la sensualidad, la memoria y la elegancia heredada que recorren toda la colección.


Con Le Palmier, Simon Porte Jacquemus no busca marcar la tendencia de mañana; sus diseños nacen desde lo atemporal, pensados para ser descubiertos y apreciados lentamente. La moda deja de ser velocidad y novedad: se convierte en transmisión, en herencia afectiva, en un gesto cotidiano que se transforma en silueta icónica. Cada creación respira amor y respeto por la mujer, una emoción que se percibe en cada puntada y en cada detalle.

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