top of page

El creador de Vita Lenta: "La sociedad solo conoce una velocidad"

  • hace 1 hora
  • 3 min de lectura

Gianvito es el creador de Vita Lenta, un proyecto que nació de manera espontánea en el sur de Italia y que con el tiempo se ha convertido en una comunidad global que invita a repensar la forma en la que habitamos el tiempo. Lejos de ser solo una cuenta de Instagram, su trabajo se ha consolidado como una filosofía contemporánea que reivindica la pausa, la observación y la belleza de lo cotidiano en un contexto dominado por la velocidad y la productividad constante.


La historia de Vita Lenta comienza en Conversano, durante la controra, ese momento del día en el que el calor detiene el ritmo de las calles. Gianvito caminaba sin una intención concreta cuando empezó a fijarse en aquello que normalmente pasa desapercibido: la ropa tendida, las ventanas abiertas, los sonidos que salían del interior de las casas, la calma suspendida del verano mediterráneo. Comenzó a grabar esos instantes y los publicó en Instagram Stories bajo una única frase: Vita Lenta. Aquellas imágenes empezaron a recibir una respuesta inesperada, mensajes de personas que se reconocían en esa forma de mirar el mundo. Con el tiempo, y especialmente durante el confinamiento de 2020, aquel archivo de momentos se transformó en un proyecto con identidad propia.


Para Gianvito, la esencia de Vita Lenta no puede definirse de forma cerrada. “Vita lenta es el sonido de las cigarras, la ropa tendida al sol, una persona durmiendo, mirar el mar al atardecer, estar aburrido sin sentir culpa, celebrar a los seres humanos y la simplicidad, apreciar la vida tal como es”, explica. Más que una estética, se trata de una forma de atención: una manera de volver a mirar lo cotidiano sin la urgencia de transformarlo en algo productivo o extraordinario.


En su reflexión, Gianvito insiste en que vivir despacio no es una negación del movimiento, sino una elección consciente del ritmo. “Vivir despacio no significa ser lento en términos absolutos; significa vivir al ritmo que elegimos”, señala. Para él, el conflicto aparece cuando ese margen de elección desaparece. “El problema de la sociedad actual es que solo conoce una velocidad”, afirma. Esta idea se volvió especialmente clara cuando, desde su trabajo como diseñador, empezó a preguntarse si la creatividad podía sostenerse en la saturación o si necesitaba espacios de vacío, silencio e incluso aburrimiento para emerger. Un viaje a Alicudi, en las islas Eolias, terminó de consolidar esa intuición al enfrentarlo a una forma de vida completamente distinta, donde el tiempo recupera su densidad natural.


El crecimiento de Vita Lenta llegó de manera orgánica, pero también trajo consigo una responsabilidad inevitable: la de proteger su esencia. Con la visibilidad llegaron nuevas oportunidades, pero también el riesgo de diluir el proyecto en la lógica de la inmediatez que precisamente cuestiona. Esa coherencia se convirtió en una parte fundamental del proyecto, casi tan importante como las imágenes que lo originaron.


Hoy, su vida en Puglia refleja de forma natural esa filosofía. Después de años en entornos más acelerados, eligió un ritmo más estable, donde la rutina no está marcada por la urgencia. Sus días transcurren entre el trabajo, la lectura, el deporte, los encuentros con asociaciones locales y los paseos con su perro, que se han convertido en uno de los momentos más significativos de su día. “Los momentos más lentos de mi día son el desayuno, mientras preparo el café, y las caminatas con mi perro”, comparte. En su forma de trabajar también ha incorporado esa lógica: evitar la presión de los tiempos artificiales, proteger espacios de desconexión y recuperar una relación más consciente con el tiempo laboral.


Vita Lenta se sostiene hoy como una invitación a mirar distinto. No como una apología de la lentitud absoluta, sino como una forma de recuperar la capacidad de elegir. En un presente atravesado por la urgencia, su propuesta se convierte en un recordatorio simple pero radical: el tiempo no solo se mide, también se habita.

Comentarios


bottom of page